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Red AgroFem

Mujeres por la defensa del maíz - Manos que cultivan la tierra y mantienen viva la esperanza

Ana Alicia Torres Torres
15 de enero, 2026
Mujeres por la defensa del maíz - Manos que cultivan la tierra y mantienen viva la esperanza
En el presente artículo quiero compartir una experiencia significativa de vida sobre el trabajo que desempeñan las mujeres en el campo mexicano, tema poco explorado, debido a que la cuestión agraria parece asunto sólo de varones.

En el presente artículo quiero compartir una experiencia significativa de vida sobre el trabajo que desempeñan las mujeres en el campo mexicano, tema poco explorado, debido a que la cuestión agraria parece asunto sólo de varones. Existe una larga tradición de los estudios del agro mexicano, desde el punto de vista histórico y económico; sin embargo, se tiene la deuda en abordar la problemática desde una perspectiva de género, enfatizando la labor de las mujeres.

Lo que me motiva a involucrarme en el tema de las mujeres y el campo son mis antecedentes familiares, mis abuelas y mi madre de origen rural. Ellas nacieron en la región de la Ciénega de Chapala, estado de Michoacán; trabajaron el campo, las artesanías, y el comercio de frutas, verduras y alimentos procesados de la milpa, como tortillas y tacos; con ese trabajo sostuvieron la economía familiar, herencia de la cual me siento muy orgullosa.

Mis observaciones y análisis también están fincadas en mi vida académica y participación como militante de la Colectiva Día del Maíz en la Escuela Nacional de Trabajo Social de la Universidad Nacional Autónoma de México (ENTS, UNAM).

En la Colectiva Día del Maíz hemos realizado jornadas académicas, culturales y culinarias en el contexto de la celebración del Día Nacional del Maíz cada 29 de septiembre, y también en la resistencia por la defensa del maíz endémico y la milpa.

La participación en la Colectiva nos ha brindado la oportunidad de vincularnos con productoras de maíz de varias regiones del país, y principalmente en la Ciudad de México y el Estado de México, por la proximidad con Ciudad Universitaria. La vida agrícola en la Ciudad de México aún se preserva como vestigio arqueológico, pero en peligro de extinción, debido a la mancha urbana que ha crecido desmedidamente.

Antropológicamente, a las mujeres se les atribuye el descubrimiento de la agricultura y la domesticación de las semillas, referencia que se ha ido olvidando; ya que el hecho de trabajar la tierra no necesariamente las ha puesto como propietarias, lo que las deja en una condición de desventaja. Claramente, también desempeñan múltiples tareas cotidianas, que supone sobre carga laboral, involucrando una doble o triple jornada de trabajo, en contraste con los varones.

Sin embargo, muchas mujeres trabajadoras del campo también disfrutan sus labores. Su fortaleza no debe ser mal entendida, ni tampoco aprovecharse de ello; sino dignificarse y reconocerse como un valioso bien de fuerza de trabajo y saberes ancestrales que cuidan la vida desde esa trinchera.

Es importante voltear a ver a un sector altamente precarizado que son las mujeres jornaleras agrícolas. Sus condiciones de vida se ven afectadas por adversidades. La mayoría son migrantes y se les conoce como mano de obra golondrina, por lo tanto, sus condiciones de vida son limitadas. En algunos lugares se les ofrece vivienda en condiciones de hacinamiento, y muchas veces insalubres; no cuentan con prestaciones sociales, seguridad social, y además alternan sus labores como empleadas domésticas, obreras y artesanas, sin contar las responsabilidades de su hogar en la crianza y cuidado de hijos.

Otras son las agricultoras dueñas de la tierra, un sector minoritario que han heredado y recreado estrategias fundamentales para la vida familiar y comunitaria, ellas se encargan de la seguridad y nutrición alimentaria, tienen saberes y prácticas en la selección e intercambio de semillas, así como en la elaboración de alimentos tradicionales, la nixtamalización del maíz, y conocen la biodiversidad local.

Es necesario que las mujeres del agro de todos los sectores sociales se fortalezcan frente al despojo territorial y cultural, que históricamente las ha caracterizado en el campo y otros sectores. Las mujeres organizadas deben protegerse de las adversidades respecto a las condiciones de su entorno, que también forma parte de su identidad y diversidad cultural.

Se deben conocer y fortalecer los derechos humanos de las mujeres trabajadoras del campo, con un marco normativo que las proteja y les brinde oportunidades de salud, educación, vivienda digna, tenencia de la tierra, acceso al agua, crédito y a la comercialización justa de su producción agraria.

En conclusión, por lo antes mencionado, se requieren políticas públicas integrales y programas institucionales en cuyo diseño, ejecución y evaluación deben participar las familias, comunidades y organizaciones de la sociedad civil, así como la academia interesada en el desarrollo agrario. Para ello se propone la importancia de los apoyos otorgados por diversas organizaciones y universidades: con la capacitación, asesoría con perspectiva de género, defensa del territorio, del maíz originario, la milpa, y el intercambio con productoras-consumidores, productores-estudiantes-docentes, entre otras acciones.

Sobre Ana Alicia Torres Torres

Licenciada en Trabajo Social, Maestra en Antropología Social, Doctoranda en Trabajo Social. Docente de Prácticas en Trabajo Social en el SUAyED ENTS UNAM. Militante de la Colectiva Día del Maíz en la UNAM.

Facebook: Ana Alicia Torres Torres Email: ana_alici@yahoo.com.mx

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