La memoria que nos une, la fuerza que nos impulsa

## El 25N con perspectiva de género y con la convicción de que la igualdad es un derecho Por Gabriela Escobar del Razo
Cada 25 de noviembre las calles de América Latina se tiñen de morado y se llenan de voces que no se apagan. Es el Día Internacional para la Eliminación de la Violencia contra las Mujeres, una fecha que no nació de una agenda institucional, sino de la resistencia y la valentía de las mujeres latinoamericanas. Su origen se remonta a la memoria de las hermanas Mirabal, Patria, Minerva y María Teresa, tres mujeres dominicanas asesinadas en 1960 por oponerse a la dictadura de Rafael Trujillo. Desde entonces, su lucha se convirtió en un símbolo continental de dignidad y justicia.
En América Latina, esta conmemoración no es un acto protocolario: es una expresión viva de sororidad, denuncia y esperanza. Cada país le ha dado un rostro propio, desde las marchas multitudinarias en Buenos Aires y Ciudad de México, hasta los círculos de mujeres en comunidades rurales de Bolivia o los foros empresariales con enfoque de género en Colombia. Todas comparten un mismo latido: la urgencia de reconstruir un mundo más justo, equitativo y libre de violencias.
## Un nuevo pacto desde el liderazgo y la sororidad
En México, la fecha ha cobrado una fuerza singular. Aquí, el 25N se ha transformado en un espacio de encuentro entre generaciones, ideologías y sectores. Las empresarias, trabajadoras, estudiantes, campesinas y las madres que buscan a sus hijas desaparecidas, todas marchan bajo un mismo clamor: "Ni una menos". Un movimiento que, más allá del grito, ha sembrado una nueva forma de mirar la vida pública y privada: con perspectiva de género y con la convicción de que la igualdad no es concesión, sino derecho.
Hoy, hablar del 25N también implica reconocer el papel de las mujeres que construyen desde los espacios productivos. Aquellas que lideran empresas, innovan en la industria, emprenden en la tecnología o transforman el agro. Ellas enfrentan violencias más sutiles pero igual de profundas: techos de cristal, brechas salariales, exclusión de financiamiento, estigmas de liderazgo y la carga de los cuidados.
En ese sentido, el feminismo latinoamericano contemporáneo que es diverso, plural y decolonial ha abierto nuevas rutas: la autonomía económica como eje de libertad, el bienestar integral como prioridad y la sororidad como modelo de colaboración.
El desafío, sin embargo, es complejo. ¿Cómo transformar sin polarizar? ¿Cómo cuestionar las estructuras patriarcales sin caer en discursos de odio? La respuesta está en el equilibrio. En construir desde la conciencia y no desde la confrontación. En recuperar el sentido ético y colectivo del feminismo como una práctica cotidiana, una herramienta para que las mujeres, todas, en su diversidad, puedan vivir con dignidad, autonomía y plenitud.
Por eso, el 25N no es solo un recordatorio de las ausencias, sino un llamado a la acción. A mirar el feminismo no como ideología, sino como una estrategia de transformación social, económica y cultural. Las mujeres empresarias y emprendedoras tienen hoy un papel clave: promover modelos de negocio con perspectiva de género, prácticas laborales igualitarias, liderazgos empáticos y entornos que reconozcan el valor del bienestar y la vida.
Desde el ejercicio del Liderazgo Transformacional, creemos que el cambio también se construye desde la economía, la innovación y la cultura. Que las empresas pueden ser espacios donde la equidad florezca, donde el talento femenino no solo participe, sino lidere. Que la abundancia, la espiritualidad y la colaboración no están reñidas con la competitividad, sino que la potencian.
El 25 de noviembre nos recuerda que no hay transformación sin memoria, pero también que el futuro nos pertenece. A nosotras, las mujeres que elegimos crear, compartir, dirigir y sanar. Las que entendemos que ser feminista no es solo una postura política, sino un acto de amor hacia la vida y hacia las demás.
Hoy, más que nunca, el llamado es a reconstruir los pactos, pero desde la libertad y la cooperación. Porque un mundo libre de violencia es también un mundo donde las mujeres prosperan, crean riqueza y multiplican bienestar.
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La Maestra Gabriela Escobar del Razo es consultora en Desarrollo Transformacional con enfoque de género, politóloga y maestra en Criminología y Criminalística. Cuenta con amplia experiencia en diseño e implementación de programas de formación, capacitación y políticas públicas orientadas a la igualdad sustantiva, la prevención de las violencias y la promoción de los derechos humanos de las mujeres, niñas y adolescentes. Actualmente se desempeña como directora de Desarrollo Transformacional del Centro de Capacitación y Liderazgo Landworks.
🔗 LinkedIn: @Gabriela Escobar del Razo
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