Jenny Jacinto: Industria, poder y las reglas que aún excluyen a las mujeres

# Jenny Jacinto: Industria, poder y las reglas que aún excluyen a las mujeres
El liderazgo femenino en la industria mexicana avanza, pero lo hace sobre una estructura que todavía no está diseñada para sostenerlo. Eugenia Haydeé Jacinto Ríosvelasco, conocida como Jenny Jacinto, presidenta nacional de Mujeres Industriales en la Cámara Nacional de la Industria de Transformación, CANACINTRA, lo plantea como: la desigualdad es un dato más allá de ser sólo percepción, ya que las mujeres reciben 84 centavos por cada peso que gana un hombre, y aunque cada vez hay más participación, la distancia sigue marcada en el acceso al poder económico y a la toma de decisiones.
Jenny Jacinto ocupa este cargo por segunda ocasión. Egresada de la Universidad Autónoma de Chihuahua, observa desde su posición un fenómeno que combina avance y resistencia; es decir, hay más mujeres en espacios empresariales, sí, pero el sistema que regula esos espacios mantiene inercias que dificultan su crecimiento: "Hasta que estás en esos lugares te das cuenta de que las desigualdades existen".
Antes de hablar de liderazgo, Jacinto lleva la conversación al punto más básico, el relacionado con la operación. Para cualquier empresaria, el primer desafío no es el reconocimiento ni la visibilidad, sino la supervivencia del negocio: "El primer reto es que tu empresa sea sana y que tu equipo esté bien", explica.
Detrás de ello, se da una cadena de responsabilidades: pago de sueldos, seguridad social, cumplimiento fiscal, estabilidad operativa. La narrativa del emprendimiento podría estar romantizando el inicio o el emprendimiento, pero en la práctica, el peso recae en sostener a otras familias, nos dice Jenny, quien además, fue la primera presidenta fundadora del Consejo Coordinador de Mujeres Empresarias (CCME) Capítulo Chihuahua durante el periodo 2022-2025.
Ese proceso, agrega, en el caso de las mujeres, se combina con una dinámica cultural que las coloca en segundo plano: "Estamos acostumbradas a apoyar, no a estar en el foco". Y la consecuencia se observa al señalar que cuando llegan a posiciones visibles, muchas lo hacen sin el respaldo simbólico que históricamente han tenido los hombres en esos espacios.
## Cuando el discurso público no incluye la inclusión
En la experiencia cotidiana Jacinto identifica obstáculos que van desde lo estructural hasta lo cultural. Uno de los más concretos es el acceso al financiamiento. Muchos créditos exigen garantías hipotecarias, pero una gran parte de las mujeres no cuenta con propiedades a su nombre, lo que enfatiza que no es un tema individual, sino una herencia de esquemas patrimoniales y legales.
Otro factor es la complejidad para abrir y operar una empresa con trámites largos, regulaciones cambiantes y condiciones macroeconómicas que dificultan la inversión industrial. A esto se suman los costos de importación, uso de suelo y tiempos administrativos que pueden detener una operación completa.
"Hay muchos factores macro que no están facilitando las cosas", dice, y explica que la desigualdad, en ese sentido, no se reduce a una cifra salarial. Es un sistema completo que condiciona quién puede entrar, crecer y mantenerse.
## Lo que cambia cuando lideran mujeres
A pesar de ese escenario, Jenny Jacinto insiste en que el liderazgo femenino introduce diferencias medibles en la operación empresarial.
Primero, en el manejo financiero: "Las mujeres pagamos los créditos al 100 %."; segundo, en la estabilidad laboral, las empresas lideradas por mujeres tienden a reducir la rotación de personal; tercero, en la gestión interna, existe una mayor tendencia a generar condiciones laborales flexibles y adaptadas a la vida de los colaboradores; y cuarto, en el impacto social, hay una inclinación hacia modelos que consideran el entorno comunitario.
Se refleja entonces en cómo se organiza el trabajo, cómo se toman decisiones y cómo se construyen relaciones dentro de la empresa. Además, más allá de lo estructural, Jacinto señala un obstáculo que no siempre se nombra:
El interno, "el Síndrome del Impostor siempre existe". La exigencia es constante: Demostrar capacidad, sostener resultados y validar una posición que muchas veces sigue siendo cuestionada: "Nos cuesta el doble esfuerzo posicionarnos", dice. Y es que ese factor no es menor, porque influye en decisiones, en aspiraciones y en la permanencia dentro de los espacios de poder.
Se destaca también el tema del relevo generacional, el que plantea nuevos desafíos. Las jóvenes no se relacionan con el trabajo ni con la autoridad de la misma forma. Aprenden distinto, se comunican distinto y esperan condiciones distintas.
Para la directiva, el reto está en conectar con ellas sin imponer modelos antiguos. La transmisión de experiencia ya no funciona en un solo sentido. Requiere diálogo y adaptación.
## Economía, impacto y una cifra clave
El peso económico del liderazgo femenino sigue subestimado, ya que según valoraciones cerca del 30 % de las empresas están lideradas por mujeres. Sin embargo, la cifra no refleja la actividad real.
Existe una economía paralela, informal, impulsada por mujeres que generan ingresos sin estar registradas formalmente. Durante la pandemia, ese fenómeno se hizo visible. Si esos emprendimientos se formalizaran, el impacto sería inmediato: el PIB podría crecer hasta 3.5 %.
Al respecto, Jacinto no plantea el crecimiento femenino como una disputa que separa, al señalar que esto "no es una lucha de hombres contra mujeres, es colaboración", afirma.
El cambio, desde su perspectiva, no depende solo de políticas públicas o de discursos institucionales. Depende de decisiones concretas como prepararse, generar alianzas, participar en organismos, ocupar espacios.
## Lo que viene
Jenny Jacinto, anticipa un incremento a cinco o diez años en la participación femenina en la industria y, no necesariamente por algún tipo de concesión, más bien por acumulación, ya que hay más mujeres con experiencia, más redes, más visibilidad.
El objetivo es pasar del 30 % al 50 % en liderazgo empresarial, y para lograrlo, insiste en tres ideas: preparación constante, colaboración real y construcción de comunidad.
En la experiencia de Jenny Jacinto, la educación financiera no forma parte del proceso formativo básico, lo que limita la toma de decisiones desde etapas tempranas. Habla de un país con alto potencial económico, pero con vacíos en la manera en que se enseña a administrar, invertir y crecer. La consecuencia es que muchas mujeres emprenden sin herramientas suficientes y enfrentan barreras que podrían evitarse con formación adecuada desde la infancia.
Finalizando, también advierte sobre las diferencias regionales que atraviesa el desarrollo empresarial. No es lo mismo emprender en el norte que en el sur del país, ni operar en zonas con infraestructura consolidada que en regiones donde las distancias, el clima o el acceso a recursos condicionan cualquier intento de crecimiento.
Esa disparidad impacta de forma particular a las mujeres, que deben adaptarse a contextos económicos y sociales distintos sin que existan mecanismos diferenciados que acompañen esas realidades. El resultado es un mapa desigual en el que las oportunidades no se distribuyen de la misma manera.
Para la presidenta nacional de Mujeres Industriales en CANACINTRA, al final, el cambio no ocurre por inercia, se va construyendo, y en esa construcción, como lo resume ella misma, hay una responsabilidad compartida: "Las mujeres líderes tienen que ser fuertes, sanas y completas".
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